Comprobar una ancestral forma de adaptación del hombre en armonía con lo natural. Conocer una arquitectura diferente de estructura orgánica con curvas suaves y caprichosas, libre de ángulos y líneas rectas. Disfrutar de la decoración rústica sin renunciar a las comodidades modernas.
Gozar del clima templado de su interior en cualquier época del año.
Admirar desde sus penetrantes ventanas la luz y el colorido del paisaje. Almorzar en su placeta en medio de un maravilloso entorno natural. Salir a su porche para disfrutar de la suave noche plagada de estrellas.
Alargar las charlas junto al calor de la chimenea. Visitar los pintorescos pueblos cercanos, con esencias árabes y castellanas, llenos de historia, arte y tradiciones.
Probar la gastronomía y los vinos típicos de la región.
Cruzarse con la tranquila gente del lugar, sentada frente a la puerta de las casas o realizando sus labores rurales. Explorar los alrededores con sierras de cumbres nevadas y parques naturales. Descansar como en ningún otro lado, lejos de cualquier tipo de ruido y molestia externa. Disfrutar del silencio...y de la luna