La Dama momentos antes de que se extrayese por completo de su tumba
Foto: F. Presedo


El Cerro Cepero, antigua Basti
Foto: AltiplA


Restos de edificaciones en la antigua Basti. Foto: AltiplA


Restos de un templete con sillares ciclópeos en la antigua Basti.
Foto: AltiplA


Tumba en cista de la necrópolis del Cerro del Santuario, muy próxima al sitio donde fue hallada la Dama. Foto: AltiplA


Termas Romanas en Basti.
Foto: AltiplA


Detalle de los ladrillos con los que se construyeron los pilares del hipocaustum de las Termas Romanas.
Foto: AltiplA


Portada de la memoria escrita por Francisco Presedo y publicada por el Ministerio de Cultura en el año de 1982


Francisco Presedo Velo y sus compañeros en el lugar del descubrimiento. Ellos encontraron la Dama de Baza.

 

 

 

 

 

 

   

Reproducimos aqui un artículo de Francisco J. Presedo Velo, publicado en el nº7 de la revista "EL NORTE", en Agosto de 1996 (página 11), dedicado con el siguiente texto:
"A mis amigos de Baza, especialmente los obreros que trabajaron conmigo: Agustín, Baldomero, Pedro y todos los demás."

Hace veinticinco años

La hoya de Baza fue un lugar privilegiado en la antigüedad desde que el hombre supo domesticar los animales y cultivar las plantas. Su importancia subió de punto en las edades del metal, cuando los hombres del sudeste se organizaron en comunidades que se cuentan entre las más progresivas de Europa Occidental. Pero el momento más brillante de Baza y los bastetanos es el periodo que va del siglo VI al II a.c., cuando surge la metalurgia del hierro, y los contactos con fenicios, griegos y cartagineses contribuyen a la elevación cultural de toda la región, produciendo lo que llamamos la cultura ibérica, la primera alta cultura de la Península Ibérica, que aquí en Baza tiene expresiones de la más alta calidad. Las excavaciones en busca de sus restos empezaron con los comienzos mismos de la arqueología. Ya a principios del s.XIX, el canónigo Cienfuegos excavó lo que hoy llamamos el cerro Largo, descubriendo más de quinientas tumbas ibéricas más o menos como las que yo excavé en el cerro del Santuario. Los ajuares fueron desperdigados por no sabemos donde. Por los años cuarenta el benemérito notario de Baza, Angel Casas Morales, descubrió y empezó a excavar las ruinas del Cerro Cepero, donde dio con un poblado indígena romanizado desde el siglo I hasta época visigoda. En este cerro hice yo mis pirmeras excavaciones a partir del año ‘53. Lo que encontré fueron esencialmente restos de una gran villa romana, con todas sus dependencias.

Por razones de distinta índole, empecé a excavar el cerro del Santuario, donde sabiamos que existía una pequeña necrópolis ibérica. Estaba en pésimas condiciones, debido al trabajo de cultivo, pero esto es lo frecuente en arqueología. Hicimos varias campañas y el año 71, un 21 de julio apareció una tumba que contenía la Dama de Baza. Eran las once de la mañana. Estabamos ocupados en excavar una zona muy prometedora, mientras unos cuantos obreros limpiaban la tumba 155, que creíamos completamente vacía, de pronto mi hija Nacha de cuatro años gritó: "Papá, un indio". Asomaba la cabeza policromada de la Dama. Se pordujo el consiguiente revuelo. Di orden de continuar el trabajo, pero un creciente nerviosismo se fue apoderando de la expedición. Tardamos todo aquel día en descubrirla y varios en excavar ciudadosamente todo el ajuar, que no era mucho ciertamente. No voy a contar todos los incidentes que siguieron, porque no vienen al caso, muchos de ellos provocados por la intempestiva intervención de las autoridades, mientras el modesto excavador no se preocupaba de otra cosa que procurar conservar la estatua en las mejores condiciones posibles. Todo se arregló como se pudo gracias a la pericia de los obreros bastetanos, que en todo momento se mostraron dispuestos a trabajar tan bien como sabían. Pero una excavación arqueológica es sobre todo una tarea científica cuya finalidad es la ciencia, aparte de otras consideraciones, muy respetables, pero secundarias. Y hablando de ciencia, ¿qué nuevos conocimientos nos deparó este descubrimiento?.

Ante todo la fecha de su fabricación. Hasta este momento el arte ibérico, sobre todo la escultura, empezando por la famosa Dama de Elche, había sido encontrado en condiciones no controladas científicamente. Por ende, su fecha era discutida, a veces hasta en trescientos años. Ahora sabíamos que la estatuaria ibérica estaba perfectamente documentada en el siglo IV a.c. Se conifrmaban las opiniones, entre otros de mi llorado amigo, A. Blanco. No era ésta la única enseñanza de nuestra estatua. También nos demostraba algo hasta entonces desconocido por los arqueólogos, que las estatuas podían aprovecharse para ser urnas cinerarias, abrigando las cenizas incineradas de los difuntos (en este caso de la difunta, porque parece que se trata de una joven de unos veinte años), lo cual abre un nuevo campo de especulación científica. La estatua en si misma aportaba también mucho al conocimiento del arte ibérico especialmente en cuanto a la policromía. En el caso de Baza se pudo analizar toda la pintura así como la piedra de que está hecha. Todo ello fue del mayor interés. El estudio de sus significados nos confirmó en lo que los eruditos de principio de siglo habían descubierto cuando excavaron la necrópolis de Galera, es decir que los bastetanos habían alcanzado una altísimo nivel cultural, con minorías de recursos económicos suficientes para poseer estatuas como ésta y se enterraron con algunos difuntos de clase alta. Son vasos fabricados en Atenas, que recorren todo el Mediterráneo y llegaban hasta Baza, después de desembarcar no sabemos dónde, pero presumiblemente en Baria. Junto a ellos destacan las cerámicas ibéricas pintadas de excelente calidad, los carros, las espadas (falcatas), soliferrea, puñales, asas de escudo, fíbulas, etc. En un caso apareció un hueso de almendra dentro de un vaso de una modesta tumba.

Todo descubrimiento científico aumenta nuestro saber al mismo tiempo que multiplica nuestra ignorancia, porque suscita muchos más problemas por cada solución que ofrece. El primero de todos es el de donde vivían los bastetanos que se enterraron en el Cerro Largo y en el ceno del Santuario. Hemos pensado en el Cerro Cepero, pero nos parece demasiado pequeño para una población que haya que suponerle a Basti. Los ajuares descubiertos suponen la existencia de una serie se oficios y profesiones de cierte complejidad: ceramistas, herreros, tejedores, cesteros, cordeleros, pintores, y ... espléndidos escultores, aparte de guerreros, etc. No hemos de olvidar que la escultura sólo se produce en altas culturas urbanas.

Todo esto y mucho más compensa el duro trabajo del arqueólogo, a veces infructuoso y otras afortunado como fue el caso hace veinticinco años. Pero mucho más el haber conocido a tantas buenas gentes con las que compartimos el sudor y el pan, las ilusiones y las decepciones. Y con cuya amistad me honro.

 

   
   
   
 

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