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| Para muchos de quienes se han criado en Galera, es imposible
separar sus propias vidas y recuerdos de las primeras
tardes de otoño, en las que veían la marcha
cansada de las bestias que al tirar de un arado preparaban
la tierra para recibir lluvia y semillas. Las mañanas
de invierno, de escarcha y revuelo en casas y cuevas;
los chillidos del cerdo, el humo de la caldera en la que
hierve el agua, la reunión de abuelas, hijas, madres
y vecinas en torno a especias, carne, sal, guisos de chorizo
y morcilla que se catan y discuten cuando cae la tarde.... |
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| Las noches cuajadas de estrellas, de calor de lumbre
y sabor a patata asada, mientras el abuelo, a la luz de
un candil hecho de lata vieja, con el esparto y sus manos
creaba una estera nueva. La |
| primavera, la impaciencia por las lluvias que
no llegan, la preocupación por la helada
de abril, que una vez más, roba la fruta
de un año que iba bueno, los partos de nuevos
corderos... |
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| [ continúa
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| Embutidos. |
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| Cebollas. |
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| Manzanas, caquis
y membrillos. |
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